El ardor de la sangre, Irène Némirovsky

11/06/2009 at 12:19 (literatura francesa) (, )

el-ardor-de-la-sangre“El ardor de la sangre” es un libro de grata lectura. Se podría resumir su esencia en una sola frase: un drama rural muy bien contado.

Se trata de un folletín que contiene historias ambientadas en la Francia profunda, muy bien relatadas, incluso con ciertos retazos de novela policíaca antigua (tipo Agatha Christie).

La obra está escrita bajo un punto de vista masculino y relatada en primera persona, pues es un hombre, Silvio o Silvestre , el que toma el papel de narrador y cuenta sus
sentimientos, su historia, su vida y las de los demás.

El ambiente, muy bien descrito, es el de los pueblos del centro de Francia en los años treinta del siglo pasado, cuando la endogamia no se veía mal del todo.

El libro nos narra la historia del protagonista y su entorno (esa es la esencia de la novela) de una forma casi aséptica, aunque describa los sentimientos de los personajes a lo largo de toda la novela; pero al final, el narrador “explota” y vierte todos sus pensamientos como si de un torrente de ideas se tratara, todo lo que había estado guardándose.

El verdadero amor es el de la juventud, en pleno “ardor de la sangre”, lo que le lleva a decir que lo que más admira en una mujer es eso : “que tenga fuego”.
Lo único que considera válido es ese amor de fuego – que no importa sea adulterino, prohibido, secreto, antes al contrario esto es un aliciente – y ello le conduce a menospreciar todo clase de amor que no sea así:  el duradero, el permanente que califica de rutinario, “de costumbres” pero no de verdadero amor.

La frase final del libro, resulta un poco desconcertante. Habla de su amor apasionado, de su despedida de la mujer amada , con estas palabras: “Ella parecía sorber, beberse mi corazón. Cuando la dejé marchar, ya la quería menos“. Frase que recuerda a Don Juan Tenorio diciendo con relacion a las muejeres que había amado que solo empleaba “una hora para olvidarlas“. En este libro la frase citada es contradictoria pues eso de que “ya la quería menos”, contrasta con el fuego que su recuerdo revive gracias al “ardor de la sangre”.

Como todo lo de Némirovsky, una lectura recomendable.

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